Una cloaca se rompió en la Asamblea Nacional.
Ayer en horas del medio día, el país
fue sacudido por los gritos de un diputado de nuestra maltrecha Asamblea Nacional.
Un ser, que se paró frente a los
micrófonos y escudado tras un podio, abrió la boca y cual cloaca, comenzó a
descargar un torrente de inmundicias, que manaban desde no se que parte de su espíritu
o su cuerpo, realmente no vale la pena distinguir de donde provenían, porque lo cierto es que mostraba el grado de
descomposición que tienen algunos miembros de tan alta institución pública, que
a todas luces debería ser modelo de convivencia para la nación.
Y cuando digo modelo de
convivencia, no me refiero ni de cerca a la alcahuetería, sino a que es un sitio
para elevar voces de protesta ajustadas a la imagen que deben tener nuestros líderes
y a las normas de buena conducta.
Pues este elemento, encaramado en
la cumbre del hemiciclo, daba la sensación de sentirse como Zeus en el Olimpo,
con poder infinito para proferir insultos y calificativos de toda índole contra
algunos líderes presentes y otros ausentes.
Pareciera que lo que oímos ayer forma
parte del debate democrático, pero definitivamente lo de ayer fue quizás el peor uso que se le puede dar a esta
libertad.
Ciertamente el uso del lenguaje
es una habilidad y un arte y como tal debe ser cultivada.
Siempre he entendido, que el uso
de la palabra por personas con un alto nivel intelectual puede llegar a lo mas
profundo del alma del interlocutor cuando esta es empleada de manera sabia y así
lograr desencadenar a través del discurso, los cambios mas profundos en los demás
y en la sociedad.
Es más, sobran los ejemplos en el
mundo en que grandes hombres y mujeres con discurso muy breve e incluso solo
con gestos han logrado los cambios que han producido los grandes pasos en la
evolución de la sociedad.
A diferencia de lo que vimos
ayer, sapos y culebras que salían de la boca de un elemento que no hacía más
que insultar a todos los venezolanos, que intentaba arrastrarnos a todos al
chiquero de donde había salido por unos pocos minutos, para después volver.
Una serie de sonidos estridentes salían
de su boca, ¿quizás trataba de decir algo? Pero era imposible entender… los
sonidos que emitía, lo único que lograban era lastimar la inteligencia de quienes
tratábamos de entender de que se trataba el asunto, mostraba unos cartones con imágenes
que no podíamos definir y de vez en cuando, algunos seres de su misma especie (seguramente)
se paraban a aplaudir como en un gesto de solidaridad con la actuación del semi
Diós temporalmente encumbrado.
Yo creo que nadie entendió… o
mejor dicho si, si entendimos, entendimos que a esa clase política hay que
reemplazarla por una clase compuesta de personas con un alto sentido de la
decencia y de las buenas costumbres, que tengan capacidad para hacer una
denuncia o una propuesta sin estridencias, para que todos podamos entender y
apoyar o rechazar los argumentos, una clase política que se parezca más a lo
que somos nosotros los venezolanos, gente decente, de principios, hermanos que
podemos pensar de manera distinta, porque al final, somos hijos de la misma
madre, Venezuela.
Jesús Eduardo Fernández
Iglesias
C.I. 9307179
Candidato Concejal por
la MUD
Municipio Mariño, estado
Nueva Esparta
@JesusEdaurdoFI
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